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20 enero, 2017

“El mundo está en llamas”: Xavier Dolan habla de “Es solo el fin del mundo”, su nueva película

Con veintisiete años y siete películas como director, el canadiense Xavier Dolan continúa contagiando energía y ambición en partes iguales. Su nueva criatura se llama Es solo el fin del mundo, un film en el que reunió a varias estrellas francesas. Encuentro con el cineasta y sus colaboradores en el barrio Mile End de Montreal.

Leé la nota y anotate en lo comentarios con nombre completo y DNI y participá del sorteo por 2 entradas para ver Es solo el fin del mundo el martes 24 a las 19.30 en el Auditorio de la Alianza Francesa de Buenos Aires (Av. Córdoba 946, CABA). El lunes 23 a las 16 horas anunciamos los ganadores.

Por Jean-Marc Lalanne

Separado del centro de la ciudad por la meseta del Monte Real y sus árboles frondosos en los que se derriten los últimos restos de nieve al comienzo de la primavera, el barrio Mile End es un poco el Brooklyn de Montreal. Lejos de los grandes edificios del downtown, las viviendas, en un estilo norteamericano tradicional, casi no exceden los dos o tres pisos. Todo lo que la ciudad tiene de músicos, cineastas y hipsters de todo tipo está instalado en esas pocas calles en las que pululan las casas de té acogedoras y los negocios de bagels. En este caparazón, donde prima el placer de la vida y donde el tiempo parece pasar con lentitud, Xavier Dolan se muestra agitado. Instalado en su oficina monacal, le da los últimos retoques a Es solo el fin del mundo, su nueva película, y al mismo tiempo encara la preproducción de la siguiente.

Es solo el fin del mundo es una adaptación de la obra de teatro del dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce, para la que el joven cineasta quebequés convocó a todo un conjunto de estrellas francesas: Gaspard Ulliel, Léa Seydoux, Marion Cotillard, Vincent Cassel y Nathalie Baye. La siguiente, cuyo rodaje comenzará en varios meses y que será el primer largometraje en lengua inglesa de Dolan, se llama The Death and Life of John F. Donovan.

 

“A medida que voy avanzando en la profesión, la historia, la ficción y los personajes se vuelven cada vez más el centro de mi cine. La forma de mis películas es extremadamente cuidada, pero siempre al servicio de una emoción que quiero que sea directa, instintiva”.

 

Allí, Kit Harington, el icónico Jon Snow de Game of Thrones, hace de John F. Donovan, un actor hollywoodense que mantiene una relación secreta con un joven británico. Una malvada jefa de redacción de una revista de chismes lo tiene en la mira. La malvada en cuestión será interpretada por Jessica Chastain. Susan Sarandon será la madre de John F. Donovan; Kathy Bates, su mánager, y Taylor Kitsch (Friday Night Lights, True Detective) su prima. El aumento de estrellas francófonas y anglosajonas en las dos películas habla mucho de la explosión de la popularidad de Xavier Dolan en ambos lados del Atlántico desde el éxito de Mommy (2014) –lée nuestra reseña-.

Cuando le preguntamos si Es solo el fin del mundo es una película que retrata un momento determinado del cine francés y de su sistema de actores, como puede haberlo sido en su momento 8 mujeres de François Ozon, contesta con todo el ímpetu que caracteriza su forma de hablar: “No tengo nada que ver con el sistema de actores francés. Para mí, eso no es un tema. No hago películas conceptuales que hablen del cine. Leí en la prensa que me aburguesaba, que ya no filmaba con mis actores (Anne Dorval, Suzanne Clément…) porque ahora prefería a las estrellas extranjeras. ¡Es absurdo! Los actores de Es solo el fin del mundo no fueron elegidos por su celebridad, sino porque me parecía que cada uno era muy acertado para su personaje. A Gaspard Ulliel ya me había acercado para mi primera película, Yo maté a mi madre (2009), en la que quería que hiciera de mi novio. Por problemas de fechas, no fue posible. Léa me había conmovido muchísimo en La vida de Adèle. Su emotividad me parecía interesante para el papel de la hermanita. Nathalie Baye hacía de la madre de Melvil Poupaud en Laurence Anyways, y estaba impaciente por volver a trabajar con ella… A medida que voy avanzando en la profesión, la historia, la ficción y los personajes se vuelven cada vez más el centro de mi cine. La forma de mis películas es extremadamente cuidada, pero siempre al servicio de una emoción que quiero que sea directa, instintiva”.

Fue Anne Dorval, quien actúa en cuatro de las cinco primeras películas de Dolan, la que le hizo descubrir el texto de Jean-Luc Lagarce al director. Había actuado esa obra a comienzos de los años 2000, en el papel de Catherine, que en la película es interpretado por Marion Cotillard. Intuitiva, estaba convencida de que el texto podía inspirar a Xavier. “Leí la obra por primera vez hace cinco o seis años, y no me había enganchado. No se me ocurría qué podía hacer con ella. En 2014 estaba en Cannes por Mommy. Una noche, fui a la fiesta de la película de los hermanos Dardenne y vi a Marion Cotillard. No me gusta para nada molestar a la gente diciéndoles que los admiro, pero tenía ganas de decirle que me parecía bella y sobre todo muy creativa. Simplemente me dijo ‘a mí también me gusta mucho lo que hacés’. Hablamos un poco, y ahí me vino de golpe el texto de Lagarce. Pensé que ella sería perfecta para Catherine. En cuanto llegué a mi casa, volví a leer la obra y me resultó obvio que sería mi próxima película.”

Jean-Luc Lagarce escribió Es solo el fin del mundo en 1990. Un hombre vuelve con su familia, después de una ruptura de casi diez años, para anunciarles que está enfermo y que va a morir. Antes de anunciar eso, su regreso provoca una avalancha de crisis y de traumas que estaban ocultos. Cuando escribió el texto, Lagarce sabía que era seropositivo. Cinco años después murió de HIV y, aunque la palabra “sida” esté ausente en el texto, los lectores de la época veían allí el eco de una epidemia mortal.

Dolan eligió liberar al texto de sus años 90 de origen: “En la obra, la enfermedad nunca es mencionada y la película no se sitúa en 1990. Para mí, el personaje podría perfectamente tener cáncer, la verdadera epidemia de nuestro tiempo. No quería fechar la acción. Quería que fuera confuso. Incluso pensé en escribir un intertítulo al comienzo de la película: ‘en cualquier lado y en cualquier momento’. Pero bueno, ¡habría sido suicida de tan pretencioso!”. Efectivamente, la película no precisa ni siquiera en qué país vive esta familia. Incluso borra los signos de pertenencia a un territorio. Pero el rodaje se hizo en Quebec –una de las particularidades del sistema Dolan.

 

“Veo la descomposición del tejido social, con Trump como el final de la raza humana, con toda su estupidez y maldad. Se puede ver en todas partes signos de ese sentimiento de fin. El mundo está en llamas”.

 

Una de las grandes fuerzas de Xavier Dolan es saber rodearse, detectar perfectamente quiénes serán sus aliados de visión y de deseos. Por un lado, está André Turpin, quien se ocupa de la iluminación de las películas de Dolan desde Tom à la ferme (2013) –reseña-. Este cincuentón es uno de los directores de fotografía de mayor renombre en Quebec, quien trabajó, entre otros, en las películas de Denis Villeneuve hasta Incendies (2010). Por otro lado, Nancy Grant, su productora desde 2013.

De sus colaboradores-amigos, Nancy Grant es el as bajo la manga. La joven y seductora productora (que también produjo las películas de Denis Côté y de Maxime Giroux) se enamoró del cine de Dolan, desde su primera película. “Cuando vi Yo maté a mi madre me dejó impactada. Pensé que era exactamente la película que hubiera querido producir. Luego, tres años después, vi Laurence Anyways en Cannes y me eché a llorar. De nuevo, lo mismo: lloraba de emoción y lloraba por no haber producido esa película. Ya nos habíamos cruzado brevemente con Xavier una noche en Montreal. Él me había abordado y me había dicho que tenía un lindo vestido y que parecía simpática. Luego nos volvimos a encontrar en una fiesta en Cannes, el año de Laurence Anyways (2012). Terminé siendo productora ejecutiva de Tom à la ferme. Luego produje su clip para Indochina, College Boy. Y de ahí nació una amistad muy fuerte. Casi vivimos juntos los dos años siguientes. Leo sus guiones a medida que los escribe, lo acompaño a la sala de montaje. Xavier es muy autónomo en sus decisiones artísticas. Mi trabajo consiste esencialmente en crear un ambiente favorable para su creación.”

Con mucha ternura, Nancy Grant continúa: “Alquilo un chalet en el que nos instalamos con los amigos. Él escribe todo el día, y a la noche, después de haber trabajado muy concentrado, necesita recompensas. Nos lee en voz alta lo que produjo durante el día. O jugamos, por ejemplo, a las escondidas. Somos varios los que cuidamos de su bienestar, los que lo rodeamos de amor. Una vez me dijo: ‘Nunca olvides que soy un bebé y un gatito’” (risas).

 

Para sus amigos, las diferentes edades de la vida se imbrican en Xavier Dolan, ya que André Turpin dice también: “Su cine da la sensación de que formalmente es joven. Pero me impresiona su manejo psicológico. A veces me pregunto cuántos años tiene… Tiene la inteligencia de las emociones de un hombre que ya vivió la experiencia de una vida entera”.

Cuando al azar de los encuentros de día y de noche en Montreal les preguntamos a las personas qué piensan de las películas de Dolan, la mayoría expresa un sentimiento de orgullo, se sienten representados por su influencia internacional. André Turpin: “Antes de Mommy había una difamación en el ambiente del cine quebequés respecto de Xavier. Se lo percibía como un ambicioso, un arrogante. Después del éxito en Cannes de la película y la sinceridad de sus palabras en la ceremonia de cierre, se siente un gran respeto por él. Hay que decir que Xavier cambió: está más tranquilo, hace menos declaraciones incisivas”.

Nancy Grant cuenta que regularmente recibe pedidos de pasantías por parte de jóvenes que citan fragmentos del discurso de recepción del Premio del Jurado en 2014. “Citan: ‘hay que creer en sus sueños porque pueden cambiar el mundo y el mundo debe ser cambiado’. Para su generación o para la gente más joven, Xavier puede ser considerado un modelo a seguir.”

Este “orgullo nacional” no se circunscribe solo al cine de Dolan. Uno de los mayores eventos del cine quebequés, en esta década, tiene que ver con la integración hollywoodense de muchos de sus cineastas. Después del éxito de Incendies, Denis Villeneuve encadenó dos películas estadounidenses con Jake Gyllenhaal (La sospecha –reseña– y El hombre duplicado –reseña–), conoció el éxito con Sicario –reseña– y ahora prepara Blade Runner 2049. El director de C.R.A.Z.Y. (2005), Jean-Marc Vallée, le permitió a Matthew McConaughey ganar el Oscar por Dallas Buyers Club –reseña– (antes de filmar él también con Jake Gyllenhaal Demolition). Hollywood tiene un ojo puesto en los cineastas de Montreal. Y, si bien las ventas de entradas de Mommy en territorio estadounidense fueron modestas, Xavier Dolan ahora es representado por la poderosa agencia CAA.

 

A pesar de haber afirmado su deseo de filmar en Quebec, en su espacio natural, insistimos en preguntarle si no prevé algún día instalarse como algunos de sus compatriotas en Los Ángeles. Categóricamente, responde: “Jamás. Jamás viviría en una ciudad asentada sobre la zona de subducción de Juan de Fuca. ¿Sabés lo que es? Es una línea de falla bajo el agua a lo largo de la costa Oeste. Leí un artículo aterrador en el New Yorker”. Enseguida se pone a darnos un curso elaborado sobre la tectónica de placas, y prevé un sismo a corto plazo de una magnitud de 9.2 en toda la zona. “¡9.2! Es la licuefacción del suelo. Todo lo que vemos alrededor de nosotros se vuelve líquido. Este sismo, que ocurre con regularidad a lo largo de milenios, esta vez está retrasado setenta y cinco años. Hollywood hará tres o cuatro blockbusters sobre eso antes de que el gobierno gaste un solo dólar en relocalizar a la población costera. Así que no, de verdad, no me veo viviendo en Los Ángeles.”

Más adelante le preguntamos de nuevo por esa obsesión con la catástrofe, más allá de la preocupación puntual por el sismo. “Hago películas a un ritmo desenfrenado. Vivo a un ritmo desenfrenado. Quizá previendo que en algún momento alguien me diga que ya no pueda hacer películas. Soy consciente del lujo de mi situación. No se puede ser actor y director sin pensar que se tiene una vida privilegiada y que esa exuberancia es efímera. Algún día se va a acabar. Vivimos en tiempos que se acortan, mucho más rápido y radicalmente que antes. Pienso que antes del comienzo de la tercera década del siglo XXI las transformaciones serán tantas que ya estaremos en el siglo XXII.”

Le hablamos entonces de los atentados en Europa, del clima de asfixia presente y de angustia frente al porvenir del continente. Responde que su infancia se detuvo en septiembre de 2001, cuando tenía doce años: “Nuestra civilización está en caída libre. Como en una película de acción en la que Alan Rickman cae del techo. Salvo que el edificio es muy alto y que hace falta un poco más de tiempo para caer el piso. Pero la caída es igual de vertical y de inextricable. Podría ser el derrumbe del sistema capitalista, una catástrofe climática: ambos elementos van de la mano. Tengo un conocimiento muy básico de esas cosas, una comprensión infantil. Pero lo sé, lo siento. Veo la descomposición del tejido social, con Trump como el final de la raza humana, con toda su estupidez y maldad. Se puede ver en todas partes signos de ese sentimiento de fin. El mundo está en llamas”.

Es solo el fin del mundo
De Xavier Dolan
Con Nathalie Baye, Vincent Cassel y Marion Cotillard

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